cuando quiero hablar, pero no sé por dónde empezar

Hay veces que me siento jodidamente perdida. No sé qué hacer. No entiendo nada ni cómo pueden estar las cosas tan mal, y a la vez me parece sorprendentemente creíble que nadie quiera entenderme; todo es demasiado complicado.

¿Que qué me pasa? Que tengo depresión. No bastaba con lo que ya llevo encima, no… Creo firmemente que a cualquiera que medianamente me conozca y le pidas que me defina dirá: “Es una chica rara”. Y creo firmemente que tienen razón. Ser rara no tiene porqué ser malo, evidente, pero es llamativo cuanto menos. Y por si no llamaba la atención lo suficiente siendo rara, ahora tengo episodios depresivos.

Porque la depresión, queridos amigos, es una enfermedad. Un trastorno.

Es levantarse cada día  sentir una ola de cansancio, como si algo o alguien hubiera drenado toda tu energía, y deseas no estar ahí, consciente de todo, y volver a la cama a dormir. Así que simplemente finges que estas bien mientras tu mente te dice cuan inútil y desesperante es todo tu esfuerzo.

Es sentirse culpable porque no tienes la fuerza necesaria para hacer la más simpe de las tareas, como ducharse o lavarse los dientes.

Es mirarse al espejo y odiar lo que ves.

Es sentirse fracasada porque has tenido que dejar de estudiar y “pedirte una baja” y todo el mundo pregunta cuando vas a empezar a hacer algo, porque como la depresión está en mi cabeza mis males son imaginarios…

Es sentirse asqueada de una misma cada vez que pides ayuda.

Es sentirse un desecho humano porque cada vez que no controlo mis episodios depresivos le hago mal a mucha gente.

Es sentirse atrapada en un agujero profundo y oscuro, y no importa como de fuerte grites, nadie te oye.

Es sentirse idiota porque sabes que todos tus males son bobadas y completamente irracionales, pero no puedes hacer nada para evitarlos.

Es sentirse exhausta cada día porque lo intentas, te esfuerzas al máximo por hacerlo bien, a pesar de lo que tu mente te diga. Pones todo tu empeño en huir de ti misma, pero nadie se da cuenta de tu coraje… Y te sientes sola. Así que intentas explicar cómo funciona esta mierda, como te sientes, porque necesitas apoyos y necesitas amigos, necesitas compresión y que dejen de exigirte estar bien. Pero sabes que no funcionará, “sabes” que te van a juzgar.

… Y, desgraciadamente, muchas cosas más…

Es muy común decir “hoy estoy depre”, pero hay una diferencia abismal entre estar depre y tener depresión. Creo que cualquiera que haya visto mis episodios depresivos sabe que no hay punto de comparación y, a quien no, le pido un voto de fe. No os voy a aburrir con tecnicismos ni a contar algunas cosas que hago cuando se me va la cabeza, de las que no me siento nada orgullosa, aunque sí que reclamo vuestra atención por un ratito más. Supongo que necesito desahogarme, o comunicarme. Necesito asegurarme de que la gente lo entienda, al menos la cercana a mí; y creedme, ¡me cuesta mucho! No me siento con derecho a pedir nada, ni siquiera un trato distinto al que siempre he recibido. Pero mis circunstancias no van a cambiar de la noche a la mañana… Voy a seguir sintiéndome así de mal por un tiempo, aunque la primera que quiere que esto acabe soy yo misma, y necesito ese trato distinto.  Hay cosas que quiero decirle a mucha gente, pero sencillamente no tengo fuerzas de repetirlo persona a persona sin que me afecte de más. Por eso tengo que reflejar en algún sitio lo que me inquieta, aunque solo sirva para gritarlo al vasto e informe mundo de internet…

Así que si quieres entenderme o ayudarme o simplemente tienes curiosidad, sigue leyendo. Lo dejo a tu elección, no voy a pasar lista, te lo aseguro.

Yo no elijo estar triste.

Lo primero que quiero que entiendas es que no me levanto por las mañanas y me digo “Ostras, me apetece mucho estar hecha una mierda emocionalmente.” No. Simplemente algunos días esta porquería golpea con fuerza, y cuando eso pasa entiende que no hay una “solución” inmediata. Que no es que “pase de lo que me dice la gente”. Solo necesito compañía.

Tengo miedo por ti.

No quiero cargarte con mis problemas, la vida no es fácil para nadie, bien lo sé. Me siento culpable. No quiero que te preocupes. No quiero que me mires diferente, ni que pienses que soy “débil”, aunque esto sea mi mayor debilidad. Tengo miedo de que esto destruya todas las relaciones de mí alrededor y por eso prefiero que me destruya a mí misma.

Necesito saber que mi manera de ser cuando estoy en mis peores momentos no son representativas de mí.

De verdad que lo siento.

No sabes cuánto.  Cuando me abro a la gente en un episodio depresivo no es agradable, ni fácil. Mi irracionalidad y mi asco por mí misma pueden durar días, días de desgaste para el/la valiente que me ofrece ayuda. Si, efectivamente, pierdes la paciencia quiero que entiendas lo horrible que voy a sentirme, y  que voy a disculparme muchísimas veces, aunque me digas que no hace falta. Siento que no merezco alguien como tú en mi vida.

Cuando esto pase no pienso en hacerte chantaje, ni en dar pena, ni en agobiar a nadie…  realmente intento ser fuerte y que esto no pase, pero hay días que esta situación me gana la partida. Por favor, no me exijas entereza cuando estoy derrotada.

Cuanto más te alejo de mí, más te necesito.

¿Te suena eso de “quiéreme cuando menos  lo merezca porque es cuando más lo necesito”? Pues eso. Alejo a la gente porque pienso que están mejor sin mí, que soy nociva y no entiendo cómo podéis quererme. No es personal, tú no has hecho nada malo. Al contrario.

Y sin embargo tengo la esperanza y el absoluto convencimiento de que la compañía vendrá si no la quiero… Ese momento cuando alejo a la gente de mí y en vez de darse la vuelta vienen a abrazarme y a decirme que no estoy sola, es todo para mí. Y sé que no es fácil.

Cuando mi mente está en estado depresivo, nada es verdad, nada es lógico.

Yo no soy yo. Es lo que quiero que la gente entienda y perdone.

En los párrafos anteriores hablo de un comportamiento que parece que al escribir no tengo, que me doy perfecta cuenta de que describo pautas irracionales e incoherentes que ninguna persona de 25 años debería mostrar… No, no estoy loca. Ni lo insinúes. El problema es que en mis episodios depresivos no razono, mi cabeza está vacía. Solo pululan por ahí pensamientos negativos que, puede que sean absurdos, pero me los creo tan firmemente que no me dan opción a pensar o sentir otra cosa… “Nadie te quiere. Todos están  aquí porque les das pena. Eres un castigo para la gente de tu alrededor. Eres nociva. Eres mala. Esto es culpa tuya. Nadie te quiere. Vas a acabar sola. Esto no va a mejorar nunca…”

Te jode, lo entiendo. Estás pensando, “¿Cómo puede ser que esté yo ahí, que ayer hayamos salido de paseo, y hoy piense que nadie la quiere? ¿Me toma el pelo?” Volvemos al punto 1, yo no elijo estar mal.

Por favor no te vayas y, si tienes que hacerlo, dime que se solucionará, que no es mi culpa, que todo va a estar bien. Porque no es mi culpa tener depresión.

No estoy deprimida todo el tiempo.

Esto es un tópico parece. La depresión va y viene, el mejor día de mi vida puede estar seguido del peor y viceversa. Si parezco la persona más feliz del mundo, es porque en ese momento soy feliz. No finjo nada. Igualmente cuando estoy mal, es porque realmente estoy sufriendo. Tampoco finjo. Y cuando se acaba, se acaba.

No estoy bien siempre, no estoy mal siempre. Verte preocupado por mi cuando estoy bien, cuando estoy en plena posesión de mis facultades mentales, simplemente me mata. Soy muy transparente, sabes cuando estoy bien. Por favor no te preocupes de más, me hace sentir muy culpable.

Tienes mucho poder en mi vida.

Un mensaje agradable, un hola, una charla, una llamada, una conversación, un helado, un pequeño paseo, un cumplido, un abrazo, una caricia… Esas pequeñeces pueden arreglarme el día. Porque te quiero, y es la gente a la que quiero la que me da la fuerza que necesito para salir de aquí.

 

Te quiero, ya lo he dicho pero no viene mal repetirlo. Incluso en esos momentos en los que no me reconozco ni yo misma, en los que no actúo bien, en los que no soy yo, te quiero. Y te daré las gracias mil veces y te pediré perdón mil y una, no porque has elegido estar en mi vida, sino porque has elegido aceptarme así, querer esta parte de mí, quererme con todo, aunque yo misma no sepa hacerlo. Es por tu cariño y apoyo que me acuerdo de quererme a mí misma.

Gracias por estar ahí.

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6 pensamientos en “cuando quiero hablar, pero no sé por dónde empezar

  1. Te quiero muchoooooooooo, mi niña. Me duele leer esto porque deseo lo mejor para ti siempre. No estoy cerca de ti físicamente pero mentalmente si. Voy a orar por tu mejoría, deseo que esa depresión termine pronto. Besitos,cariño

  2. Carmen no sabía que tuvieras depresión. Te creía totalmente centrada en tus estudios.
    Te comprendo, porque también he tenido la depresión por compañía.
    iría de sabelotodo si te diera consejos. solamente puedo darte un abrazo.
    Miguel-A.

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