nosotras, las avispas

Había una vez un sapito que avanzaba hacia la orilla de un río a pequeños saltos.

“¡Croac, croac!”

Cuando se disponía a cruzar el río y antes de que su anca delantera tocara la lámina cristalina del agua escuchó una voz suave y zumbante a sus espaldas.

Pequeño sapo, aquí.

Nuestro amigo se volvió inquieto, y descubrió que la voz provenía de una avispa a pocos saltos de él.

Por favor, ayúdame a cruzar el río. Necesito llegar a la otra orilla y me he roto el ala mientras jugaba – dijo volviéndose sensualmente, dejando a la vista un ala doblada en una posición extraña.

No – titubeó el sapo -. Sé como sois vosotras. ¡Me picarás si te llevo a mi espalda!

No seas tonto – le espetó entre risas zimbreantes -. Si te pico y te ahogas yo moriré contigo. Y yo quiero vivir – le comentó sonriente mientras le guiñaba un ojo.

El sapo meditó sus palabras. Ciertamente tenía razón ella. Si le picara morirían los dos, y no parecía tan tonta. Además, era una avispa muy guapa. La más atractiva que había visto hasta ahora.

Está bien – dijo después de pensarlo mucho -. Te ayudaré a cruzar.

La pequeña avispa corrió a subirse a la resbaladiza espalda del pequeño sapo. El suave contacto de un ser tan frágil le producía un cosquilleo en la tripa a nuestro amigo.

¿Lista? – preguntó mirándole de reojo.

¡Claro! – contestó regalándole la mayor de las sonrisas. Lo que hizo que el sapito se sonrojase.

Comenzaron a adentrarse en el agua y todo parecía marchar bien. Cuando iban por la mitad del río un fuerte dolor atravesó la espalda del sapo y se extendió rápidamente a sus extremidades. Sus músculos empezaron a ponerse rígidos y poco a poco se iba hundiendo mientras veía como su pequeña pasajera miraba preocupada al agua que cercaba cada vez más sus pies.

No lo entiendo – exhaló el entre esfuerzos -. ¿Por qué? ¡Te ahogarás conmigo!

Su compañera sonrió tristemente y le dio un beso cariñoso en el cuello.

Lo sé y lo siento amigo mío. Supongo que es mi condición; mi naturaleza. No puedo dejar de ser lo que soy ni como soy.

Y acto seguido los dos desaparecieron bajo las frías aguas del río.

 

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