juegos de niñas

Es de noche. El murmullo del televisor suena de fondo pese a que tengo la puerta cerrada. Me cuesta creer que haya actividad en mi casa a estas horas de un domingo: mañana hay que madrugar, aunque sea en contra de cualquier voluntad humana. Estoy cansada, el fin de semana ha sido muy largo, cargado de muchas emociones… pero precisamente por eso no quiero irme a dormir. Porque no quiero que se acabe.

No quiero despertar en medio del rutinario ajetreo de todas las semanas. Ve a la universidad, atiende, toma apuntes, vuelve a casa, estudia, ejercicios, rehabilitación, pastillas, cansancio, fatiga muscular, estudia de nuevo, duerme y vuelta a empezar. A veces lloro cuando tengo algún huequito libre, sólo por intentar salirme de la rutina. Pero que tampoco se preocupe nadie, no suelo tener huecos libres.

Tengo actitud de niña chica que no quiere que se acabe el finde porque quiero seguir jugando a las muñecas. Pero mi problema es que no he podido jugar con las muñecas. Rectifico, con mis muñecas. Aunque parezca mentira el posesivo es de vital importancia, la cuestión no es a lo que se juegue, ni con qué muñecas, sino el posesivo, el “mis”. Pero parecen que se me han perdido mis muñecas y tengo que jugar con las que me prestan mis amigos.

Sigue siendo un juego, divertido, pero no es lo mismo. Ansío tener mis reglas, inventar mis historias, vestir a mis protagonistas como quiera y tener el control del juego, tomar decisiones. Pero por todo el mundo es sabido que si juegas con las muñecas de los demás tarde o temprano se escuchará la sempiterna frase de “las muñecas son mías y mando yo, si no te gusta, no juegues”.Y claro, ¿que hacer? Justo cuando se han perdido tus muñecas…

He ahí la trampa mortal de la dependencia. O acabas siendo la niña sin muñecas, o acabas siendo la muñeca. No sé yo que es peor.

5 respuestas a “juegos de niñas

  1. Carmen, a mí también me ha gustado mucho. Me pone algo triste… pero me reconforta comprobar que la tristeza se evapora cuando podemos disfrutar de estos regalos que tu nos haces. Gracias por dejar que me sienta orgullosa de tí.

    1. Gracias de verdad mami. Pero no te pongas triste, sabes que estos momentos son inebitables y que nuestra condición es imposible de cambiar, al menos por el momento. Pero eso no implica que nos dejemos dominar o que no sepamos seguir adelante. Y tú sabes que eso se consigue, con un poquito de ayuda todo es posible.

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